Flotar, y ahogarse
Descubrí a Aki Kaurismaki hace unos años cuando sacó su última película, Hojas de otoño. Cuando la vi, hubo una escena que llamó mi atención. Es en el minuto 58 o por ahí. Empieza a sonar la música, y vemos a la protagonista tirada en la cama con su perro. Pero después la imagen cambia: aparecen dos chabonas tocando guitarra y sintetizadores1, y están rodeadas de gente. Entendemos que la escena sucede en un bar porque todos tienen un vaso sobre la mesa o en la mano. La gente parece mirarlas, pero al mismo tiempo parecen estar viendo algo más. La cámara cambia para mostrarnos de cerca a esas personas: ¿Nos miran a nosotros? ¿Las miran a ellas?
Hay una contrariedad latente: todos parecen estar conectados con lo que sucede, pero lo que se percibe es una escisión. Es como si la música ocurriera en otro plano. Hay una ruptura entre quienes performan (ubicados en una especie de escenario) y quienes observan. Y estamos también nosotros siendo testigos, pero también parte, de un momento clímax.
Seguí mirando películas de Kaurismaki. Y volví a encontrar esos momentos: un bar como escenario, una banda que toca y público alrededor observando nadie sabe qué.
Luis Ortega lo hace también en El Jockey2. Esa escena al principio, cuando Remo y Abril bailan Sin disfraz, de Virus. La performance acá no es de una banda, si no de dos personas que mueven sus cuerpos sintiendo la música. Los que observan, primero tienen cara de malos, fuman y toman cerveza; pero después empiezan a sonreír, bailan un poco o agitan sus cabezas. Ortega rompe con la desconexión que plantea Kaurismaki y decide hacer parte activa a los observadores: los pone en movimiento.
Descubrí que cuando voy a escuchar música en vivo, siempre hay un momento en el que intento llevar mi mente a ese lugar. Lo invoco a Kaurismaki para ser espectadora de la escena que yo habito. Siento cómo el aire se condensa y puedo hacer que floto -separarme del todo-, para ser testigo y también parte de ese momento clímax.
Hago esto: primero presto atención a la música, después observo a los que escuchan, y entonces salgo de mí, me alejo para poder acercarme a la esencia de ese espacio-tiempo.
Siempre es un sonido el que me hace bajar y volver a estar en mí. Y ahí me hago parte de nuevo, me pongo en movimiento. Es como salir de una burbuja para volver a entrar, y buscar ahogarse.
Bruma, que sabe cómo ponerle palabras a lo que se siente ahí, lo dice así: “Como flotar con una sensación vertiginosa en el cuerpo: en los órganos y en los nervios”.
La banda es Maustetyöt, un dúo de hermanas finlandesas, y la canción se llama Syntynyt suruun ja puettu pettymyksin -que significa ‘nacido en la tristeza y vestido de decepciones’- y la pueden escuchar acá.
Dato de color: el director de fotografía de El Jockey es el mismo que trabajó siempre con Aki Kaurismaki. Se llama Timo Salminen.





